¿Ideas Originales? (Parte 2)

Continuando con nuestra serie sobre el plagio (gracias nuevamente a Eduardo González y sus amigos que desde Valencia nos han enviado estas excelentes piezas) examinaremos dos spots que parecen tener un parentesco más cercano del que admiten.

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El spot de Mahou salió al aire varios años después que el de Heineken y si asumimos (con toda lógica) que se trata de un plagio, debemos examinar los motivos que llevaron a una marca internacionalmente reconocida a realizar un acto tan tonto como este.

Primero que nada, parece muy probable que Mahou no haya sabido nada del plagio ya que la compañía no hizo la pieza, solo la aceptó de entre varias que una agencia publicitaria le dio a elegir (quizá se tratase de una pieza de relleno y no de la que la agencia quería que resultase elegida). Ciertamente Mahou no tiene motivos para comprometer su imagen de marca con un vulgar plagio y su renombre internacional da por sentado que las similitudes entre las piezas serán notadas, por lo que es casi seguro que no haya sabido nada hasta que fuese demasiado tarde.

Segundo, la idea  puede haber sido plagiada por los creativos en un momento de desesperación y parálisis creativa o tal vez uno de mera vagancia (todos estos fenómenos son sumamente frecuentes en el mundo de la publicidad). Finalmente viene el tercer factor, crimen y castigo. Antes de Internet era mucho más dificíl ser descubierto de manera flagrante con estos plagios pero en la era del mundo unido nada escapa al la gran telaraña. El resultado es una pequeña verguenza para Mahou y la posible pérdida de una cuenta para la agencia responsable pero a diferencia del mundo del arte respetable (hasta la pornografía tiene ese status en estos días) la publicidad sigue siendo un submundo en que el plagio es visto como algo de mal gusto pero no una ofensa mortal.

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